5. Web 1.0 y Web 2.0: ¿son tan, tan diferentes?

Web 1.0_web 2.0
Imagen tomada de https://www.emaze.com/@AIZWWITR/EVOLUCI%C3%93N-DE-LA-WEB

Sí, lo son. Esencialmente porque los creadores de contenido en Web 1.0 eran pocos. El cambio sustancial viene entonces de la mano de los usuarios, de los ciudadanos que deciden tomar partido cuando tienen los medios para hacerlo. Los usuarios dejan de actuar como meros consumidores de contenido y pasan a ser los autores, gracias a un universo tecnológico favorable. Así se desprende del artículo de Graham Cormode y Balachander Krishnamurthy, Key differences between Web 1.0 and Web 2.0 .

Aunque la web 1.0 no está ni mucho menos abandonada todavía, por el contrario, es el ancla echado en el mar de Internet, sus beneficios en el tráfico de contenidos siguen siendo importantes, y por esos la inmensa mayoría de los usuarios de redes sociales también lo son de los sitios web convencionales.

Los autores en el apartado 2. What is Web 2.0?, del artículo,  aportan una especie de cuadro de clasificación (Tabla 1), en el que analizan aspectos de varios sitios Web 2.0. Como otras iniciativas de medir y evaluar el mundo 2.0, tiene su interés. Lo más útil de la propuesta son las referencias que sirven para dirimir en qué medida un sitio Web 2.0 lo es. Los criterios me parecen factibles y la medición es sobre todo cuantitativa: los ejemplos que más criterios cumplen en relación al ámbito de la interacción y las relaciones entre usuarios, son los más estimados como sitios Web 2.0. Otra cosa sería entrar en consideraciones más cualitativas o descriptivas.

Así, Facebook, YouTube, Flickr, LiveJournal y MySpace son sitios Web 2.0 plenos, mientras que Slashdot y Craigslist son Web 1.0. Pero me interesan más los que están en el medio: Amazon, Digg, eBay y Friendster. Y de estos cuatro, me choca en especial el resultado de Digg, un sitio Web 2.0 sobre noticias de ciencia y tecnología y Friendster, en menor medida porque su servicio se cerró en 2015. Bajo mi punto de vista, Digg que combina marcadores sociales, blogging y sindicación debería haber resultado un ejemplo más social de lo que resulta en la tabla.

Lo cierto es que los propios Cormode y Krishnamurthy apuntan que las asignaciones son discutibles, y es justo en la medida en que ofrecen o no suficientes modalidades de interactuación usuarios/contenido como fluctúan las conclusiones. De hecho parece una clasificación que yo me atrevería a señalar como próxima a la filosofía de los indicadores de la Web 1.0. Los autores escriben este artículo en 2008, y en ese momento la medición estaba lejos de estar desarrollada, y por ello defienden que faltan herramientas de métrica y de recopilación de datos.

Está claro que los indicadores conocidos para la Web convencional no son apropiados para la Web social, pero es lo que más tiempo ha estado en funcionamiento y resulta lógica la impregnación de ese canon. Hay que hacer hincapié en la persona, en el usuario que utiliza las redes sociales y esto condiciona la construcción de los indicadores y su aplicación. Así la Web 2.0 ya tiene articulados instrumentos propios para medir la actividad del usuario: acciones de los usuarios indicando si les gusta o no un contenido, recomendaciones a otros, añadiendo comentarios, enviando mensajes, uniéndose a grupos o creando nuevos contenidos. Estos son los elementos se miden en los análisis de las herramientas de la web social. En definitiva, las características “sociales”, la identificación de amigos, la parte integrante de los sitios Web 2.0.

Si en la Web 1.0 lo principal era que viéramos la mayor cantidad posible de sus contenidos -visitando sus páginas, pero sin casi actuar en ellas- el objetivo de los sitios Web 2.0 es que pasemos el mayor tiempo posible en un único entorno, ejecutando cuantas tareas y actividades se nos ofrezcan, protegidos y fidelizados en las comunidades virtuales a las cuales pertenecemos.

Una evidencia de la “evolución” de la Web hacia la versión 2.0 es que los contenidos ofrecidos por los portales tienen cada vez más procedencia colectiva, o sea, lo que “engancha” a los usuarios de una plataforma como Facebook es que el contenido que se consume, edita, complementa y comparte viene de nuestra propia red de contactos. Amazon tiene amigos, pero esta característica parece poco utilizada, en cambio Facebook requiere que el usuario agregue amigos para poder alcanzar su verdadera funcionalidad.

La Web 2.0, cuando dejamos de ser usuarios pasivos para convertirnos en usuarios activos. Estamos en ello.

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@yolandaiwebsoc

2 comentarios en “5. Web 1.0 y Web 2.0: ¿son tan, tan diferentes?”

  1. Hola compañera. La web 2.0 nos ha traído una serie de novedades importantes. Sin duda, la fundamental es el cambio de paradigma que pasa de la pasividad a la interactividad. Más allá de lo anterior, esto demuestra el gran poder que tienen los usuarios y cómo y de qué forma las empresas van a dejar de manejar los contenidos con tintes dictatoriales para democratizar el contenido y poder ofrecer algo que realmente guste a los usuarios. Aunque sigan queriendo vendernos sus cosas, esta vez los usuarios ganamos poder para determinar si algo nos resulta bueno o malo. Quizás esto sea así o quizás esto es lo que ellos quieren que nosotros pensemos, que realmente somos libres pero vivimos en una libertad enmascarada por una supuesto interactividad que es monitorizada en todo momento para sacar un rédito de ello. Sin duda, otro tema interesante que quizás hablemos en esta asignatura es el internet de las cosas, que entraña bastantes elementos positivos pero también negativos. ¿Hasta qué punto debemos guardar nuestra privacidad? ¿Qué cuestiones pueden ser consideradas como algo peligroso para nosotros? ¿Los contenidos que se hacen son relevantes o son los estudios los que determinan lo que consideramos que es relevante? ¿Hasta dónde existe libertad y que es lo realmente humano en todo esto? Son preguntas que tenemos que plantearnos y pensar mucho sobre estas cuestiones para poder tener unas conclusiones nosotros mismos y debatir sobre ello en un futuro.

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    1. Preguntas importantes las que planteas. Las respuestas nos las suelen dar los expertos, pero hay una que yo tengo muy clara ¿hasta qué punto debemos guardar nuestra privacidad?: hasta el más alto, tener el control de nuestros datos es el desafío, ya no es compartirlos.

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